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07/04/2005

La verdad sobre los OVNIs

platillonazi.jpg“Los platillos volantes existen, claro que sí, pero no vienen de otros planetas. Los construímos nosotros”.

Esta sorprendente revelación nos viene de boca de un anciano nacionalsocialista, rememorando sus tiempos de oficial del Tercer Reich. Afirmaciones como ésta pueden parecer chocantes a primera vista, pero el caso es que no ignoramos que los primeros avistamientos de OVNIs se registran a partir de 1947, y nunca antes.

Sabemos que los aliados tenían noticias, hacia el final de la guerra, del desarrollo de extraños “aviones circulares” propulsados por un motor giratorio central.

Sabemos que las primeras noticias en la prensa mundial referidas a estos avistamientos no dudaban en identificarlos como “armas del enemigo alemán”.

Muchas de estas primeras noticias mencionan que los aparatos avistados lucían la svastica en su reluciente superficie.

En 1950, un comerciante de cereales californiano tuvo la oportunidad de ver de cerca a un par de ocupantes de uno de estos platillos, que había tomado tierra en el linde de su propiedad, y declaró que dichos tripulantes se comunicaban “en perfecto alemán”.

Sin embargo, comenzada la década de los cincuenta, se deja de mencionar a los nazis y toman popularidad en la prensa las versiones del supuesto origen extraterrestre de los misteriosos discos volantes. Una evidente maniobra distractiva de la inteligencia americana. Pero, ¿qué pasó con los OVNIs de Hitler?

Se ha fantaseado mucho con que el Tercer Reich habría llegado a establecer una base en la cara oculta de la luna, muchos años antes de la llegada de los americanos al satélite. Absurdo, desde luego. Una explicación mas razonable nos dice que los platillos volantes fueron trasladados por el Reich a una base en la Antártida, desmontados y transportados en submarinos plegables (también se encontraron planos de estos ingenios al finalizar la guerra). El Reich seguiría así, a traves de una élite de las SS, operando en el polo sur, desde el que se llevarían a cabo periódicamente vuelos de estudio sobre Europa y América, que serían tomados erróneamente como de origen extraterrestre.

Yo recuerdo un comic del pato Donald que leí de niño: el pato y su familia viajaban a la Antártida y se encontraban con una civilización de pingüinos evolucionados. Los pingüinos manejaban una tecnología mas avanzada que la del hombre (bueno, que la del pato) basada en el dominio de una misteriosa energía. Se afirma que los nazis andaban a la búsqueda del dominio de una energía total a la que llamaban “vril”. Se dice que hacia el final de la guerra podrían haber descubierto y dominado esta energía. Corría el rumor de que los platillos volantes del Tercer Reich utilizaban un sistema antigravitatorio impulsado por un “motor a implosión”, ecológico y eficaz, desarrollado por el científico alemán Viktor Schauberger, en detrimento del judaizante motor a explosión.

Volviendo a la Antártida, puede que los pingüinos evolucionados acabaran a la larga pilotando los OVNIs nazis. Puede que ya exista un Cuarto Reich de pingüinos nacionalsocialistas superdesarrollados que nos vigilan, esperando el momento de entrar en acción. Y cuando ese momento llegue, nos pillarán distraídos mirando estúpidamente hacia Marte.

11/04/2005

El Mundo de Bizarro

bizarroworld.jpgSi en el personaje de Superman siempre se ha querido ver una trasposición de la historia bíblica (un niño abandonado a las aguas -al espacio- en una cesta -un cohete- adoptado por unos padres en un mundo que no es el suyo, y destinado a convertirse en salvador, o sea, una especie de Moisés-Jesús de la era del pop), en el personaje de Bizarro nos podemos encontrar con una particular versión del mito platónico de la caverna.

Bizarro es una copia imperfecta del hombre de acero, producto de un experimento fallido. Bizarro es feo, torpe y nada heroico. Es amoral e imprevisible, al punto que, según el caso, puede colaborar con Superman o ser su enemigo. Es, en una palabra, mucho más humano que el perfecto superhéroe del que es su imagen distorsionada.

Y lo mas importante: es divertido. Bizarro habla con un lenguaje asintáctico y enrevesado, vive en un planeta cuadrado, habitado por múltiples copias de sí mismo. Está casado con una Lois Lane Bizarra, y tiene un hijo Bizarro y un perro Bizarro. En su casa rompe los espejos para tener siete años de buena suerte, porque todo en el Mundo Bizarro funciona al revés. Las casas y los edificios están torcidos, y los coches tienen ruedas cuadradas. La gente dice hola cuando se despide y adiós al encontrarse. Los superpoderes de Bizarro también funcionan al revés. El Mundo de Bizarro es como un cuadro de Brueghel o como el Jardín de las Delicias, y el propio Bizarro es un personaje un tanto ridículo, la verdad. Y a pesar de eso, o tal vez por eso mismo, lo preferimos claramente al pavisoso de Superman.

Y es que el Mundo de Bizarro es la caverna de Platón. O sea, es nuestro mundo. Y una película que debería haber protagonizado Harvey Keitel. Pero no pudo ser.

18/04/2005

Alicias en el País de la Esquizofrenia

posterdarger.jpgProbablemente nunca se llegará a estrenar en cines fuera de su país de origen. Es un documental, aunque incluye partes de animación. Fue finalista hace un par de años en Sundance, y estuvo nominado el año pasado a los Oscar.

Me refiero a “In the realms of unreal” (algo así como En los reinos de la irrealidad), una particular biografía de Henry Darger, artista excéntrico entre los excéntricos y un mito naciente del panteón de La Caja Negra.

La película mezcla animación con imagen real, y está dirigido por Jessica Yu (2003). Cuenta la historia, la obra y el drama de Henry Darger, un solitario que vivió y creó de espaldas al mundo una obra imponente y terrible: Su novela “The Story of the Vivian Girls, in What is Known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm, as caused by the Child Slave Rebelion”, que abreviadamente se conoce como The Realms of the Unreal, un trip hipnótico de 15.000 páginas escritas a maquina sin espacio, ilustradas por cientos de acuarelas de gran formato, de una fantasía inquietante y perturbadora.

El libro cuenta la historia de las siete Vivianitas, siete hermanas que son como siete Alicias, o como siete Dorothys, que viven en un mundo de niñas permanentemente acosado por “los hombres que esclavizan a los niños”. Las heroínas, unas niñas extrañas (pues todas lucen, sorprendentemente, un pequeño pene cuando Darger las retrata frecuentemente desnudas) luchan valerosamente contra las hordas esclavistas pero acaban sufriendo horribles torturas en escenas de minuciosa violencia.

La novela es farragosa y sorprendente, pero lo realmente impresionante son las ilustraciones que la acompañan: verdaderas obras maestras de un autodidactismo alucinado. Coloridas escenas de épicas batallas entre niñas y soldados, realizadas con una elaborada técnica que une el collage, el calco y el dibujo en una cuidada planificación escénica.

Todo este asombroso material permaneció oculto hasta la muerte de Darger, a los 81 años, pues su autor vivió al margen de la sociedad, sin amigos ni parientes. Jessica Yu lo recoge en su documental recurriendo a la animación para convertir los cuadros en vibrantes y coloridas batallas, y para intentar dar respuesta a la siguiente cuestión: ¿puede alguien vivir exclusivamente dentro de su cabeza?

21/04/2005

Grandes conspiraciones del siglo XX: El caso William Campbell

deadpaul.jpgDe los grandes complots que marcaron el siglo, ninguno es tan inquietante como el que vamos a recordar hoy.
Ni la misteriosa muerte del Papa Juan Pablo I, ni el asesinato de JFK llegaron a sacudir los cimientos de nuestra civilización occidental como lo hizo la asombrosa confabulación que ocultó la muerte de uno de los integrantes del grupo musical más famoso del mundo: los Beatles.

Hagamos memoria y recapitulemos:
Paul McCartney muere en un terrible accidente de coche un día de noviembre de 1966.
La discográfica de los Beatles, con la venia del resto del grupo, organiza un “concurso de dobles”, del que sale elegido un tal William Campbell, policía canadiense aficionado a la música, como sustituto del beatle muerto.
Hasta aquí todo bien. Campbell no solo es idéntico físicamente a Paul; además canta como Paul, toca el bajo igual que Paul y es un compositor tan dotado como Paul. Solo que no es Paul. Es William.

El caso es que el grupo empieza a dejar “pistas” en todos sus discos, que hacen referencia a la muerte del beatle, y esto desata una auténtica fiebre conspiranoica que dispara a cientos de miles de “mulders y scullys” de todo el mundo a la frenética búsqueda de claves secretas de la gran confabulación.

Hasta unos 100 mensajes cifrados se han llegado a detectar en la obra del cuarteto, que aireaba de esta manera el secreto de la muerte de Paul. No quiero ni imaginar el terrible trauma, la increíble presión psicológica que este proceso debió suponer para el pobre William Campbell.

Las pistas son tantas que sería imposible dar cuenta de todas, así que recordaremos las más llamativas.
Las portadas de los discos: Están repletas de referencias a la muerte de McCartney. Los fans de todo el mundo las han analizado de forma harto más minuciosa que a la trayectoria de la bala que mató a Kennedy, sin duda alguna.
En tres de ellas (Sgt. Peppers, Yellow Submarine y Revolver) hay una mano abierta encima de la cabeza de Paul. Esto, según la tradición india, señala a una persona que ha muerto recientemente.
En la famosa portada del Sgt. Peppers, además, se escenifica claramente un funeral. Y en la tierra, debajo de las flores rojas que forman la palabra “beatles”, vemos unas flores amarillas que dibujan la forma de un bajo (el instrumento de Paul). Si miramos con atención, veremos que las flores forman también la palabra “PAUL?”.
En la contraportada, el falso Paul es el único de los cuatro que aparece de espaldas.
La portada de Abbey Road también escenifica un cortejo fúnebre. La vestimenta de los cuatro nos sugiere que John va de predicador, Ringo de doliente, George de sepulturero y Paul, descalzo y con los ojos cerrados, de difunto. Es, además, el único que marcha con el paso cambiado y lleva un cigarrillo en la mano derecha (cualquiera sabe que McCartney era zurdo). La matrícula del coche de la izquierda no deja lugar a dudas: 28IF, es decir, Paul tendría 28 años SI (if) estuviera vivo.
Sería ocioso ahondar aquí en las pistas contenidas en las letras de las canciones. Baste decir que prácticamente todas traen alguna referencia a la muerte de Paul. No es exagerado afirmar que algunas canciones han sido escuchadas más veces del revés que del derecho, en la inacabable tarea de desenterrar mensajes cifrados.

En fin, a pesar de lo abrumador de las evidencias, William Campbell nunca ha llegado a ser oficialmente desenmascarado. ¿mito o realidad? En la Caja Negra preferimos creer que así es como ha sucedido todo. Porque un complot de estas magnitudes es lo que les faltaba a los Beatles para ser, efectivamente, más grandes que Jesucristo (del que por el contrario se dice que no murió realmente en la cruz, que el crucificado era un doble y que Él se casó con María Magdalena, pero esto es ya otra historia).

27/04/2005

Galería de genios olvidados: Franz Antón Mesmer

mesmer.jpgEstamos en el interior de un lujoso hotel de la plaza Vendome, en el París de 1780. Un grupo de señoras y caballeros elegantes están sentados alrededor de una gran artesa metálica llena de agua sulfurosa hasta los bordes. Una cuerda los mantiene atados entre sí, y a su vez a la artesa. Suena una música exótica, y entre el humo de los inciensos Mesmer, ataviado con una túnica morada, va tocándolos uno a uno con una varita de metal. Algunos gimen y sacuden la cabeza. Otros caen hacia atrás, los ojos en blanco.

Más allá, en el gran salón de tapices orientales, una hermosa señorita aguarda sentada en un canapé. Mesmer se acerca lentamente, los ojos negros fijos en sus ojos. La joven se agita. Mesmer mueve las manos frente a ella, hacia arriba y hacia abajo, sin dejar de mirarla intensamente, sin pestañear. Ella se retuerce entre alaridos. Los espasmos están a punto de tirarla al suelo, pero Mesmer rápidamente la sujeta y con mano firme la conduce hasta un pequeño cuarto acolchado al fondo del salón. Es el “gabinete de las crisis”.

Mientras tanto, los convulsos personajes atados a la artesa, la “cubeta de la salud” de aguas imantadas, empiezan a volver del trance. Un ayudante los va desatando. Están curados.

Media hora más tarde, se abre la puerta del cuartito del fondo y emerge la hermosa muchacha, las mejillas rojas y el peinado alborotado. Sonríe, está curada. Detrás sale Mesmer, abrochándose la túnica.

Los caballeros y las señoras se van yendo. Antes, pagan generosamente. Paga incluso la muchacha. Porque todos han sido curados.

Pero, ¿quién es Mesmer?
Es el padre del Mesmerismo, ni más ni menos.
Mesmer estudió medicina en Viena, y sus investigaciones lo llevaron a descubrir lo que él llamó “magnetismo animal”, un fluído vital que impregna todo el universo: los animales, las personas y las cosas.
Descubrió que por medio de unas varas imantadas podía hacer fluir esa energía a través de su cuerpo, y traspasarla a sus pacientes, para curarlos. Más tarde prescindió de varas, le bastaban sus manos.

Llegó a París en un clima de revolución y se convirtió en el médico de moda. La alta sociedad hacía colas frente a su consulta.
Él no se olvidó de los pobres: imantó uno de los árboles de la vecina calle de Bondy, para que los que no pudieran pagar sus honorarios se ataran a él y se beneficiaran de las bondades salutíferas de su magnetismo.

Pero llegaron malos tiempos para Mesmer. Un comité de científicos, bajo órdenes del rey y espoleados por la envidia de su éxito, dictaminó que el “magnetismo animal” sencillamente no existía. Así sin más.

Mesmer murió pobre y en el exilio, y hoy nadie habla del Mesmerismo.
Sin embargo, un discípulo suyo, partiendo de sus teorías desarrolló una técnica para poner en trance a sus pacientes y curarlos de ciertas enfermedades psicosomáticas. Lo llamó “hipnosis”.
En Viena, un grupo de doctores seguidores de Charcot, que había leído con atención los escritos de Mesmer, desarrollaron una forma de tratar los síntomas histéricos que se empezó a conocer como “psicoterapia”, y más tarde “psicoanálisis”.
Hoy en día los homeopatas no desconocen los efectos de la curación por autosugestión, y las llamadas terapias de grupo son ampliamente utilizadas.

Pero Mesmer sigue sin tener, que yo sepa, ni una triste estatua en Viena, en Praga o en París, ciudades atestadas de monumentos a cabrones con caballo.
Una injusticia como tantas.




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