Blogia
lacajanegra

De la poligamia al remojón: delicias del sexo mormón

De la poligamia al remojón: delicias del sexo mormón

Si fuéramos capaces de imaginar un posible Kamasutra Mormón, nos encontraríamos previsiblemente con un limitado número de variantes. Pero sin duda destacaría ahí una imaginativa práctica por encima de cualquier otra: el llamado soaking bed.

El soaking —que podríamos traducir como "el remojo" o remojón— es, al parecer, un hallazgo de los jóvenes estudiantes mormones del campus de la BYU, la universidad Brigham Young, la más importante casa de enseñanza del estado mormón de Utah.

Se cree que se inventó para eludir, sin llegar a contravenir, las rigurosas normas sobre sexualidad que impone el mormonismo a sus parroquianos.

Pero ¿cómo llegaron los mormones a pasar del matrimonio plural (muy plural) de sus comienzos en el siglo XIX a la estricta dieta sexual de la actualidad? Es un misterio mormón, uno de tantos, que intentaremos desentrañar a continuación.

Brigham Young, el gran profeta mormón y sucesor de Joseph Smith, creador de esta religión netamente americana, tuvo al menos cincuenta y cinco esposas. Todo un harén, desde luego, un ramillete de féminas de muy variada condición (alguna muy llamativa, como Clarissa Decker, que contaba quince años —trece, según otras fuentes—, cuando se casó con el profeta).

En una nación, los Estados Unidos de América, fundada por fanáticos puritanos, esta liberalidad era una rareza extrema. La anomalía se explica por la necesidad de poblar con la máxima urgencia el salvaje territorio de Utah, futuro estado mormón, que había sido conquistado a sangre y fuego por los colonos del profeta (hay una serie del 2025, American Primeval, que ficcionaliza la histórica masacre de Mountain Meadow).

Efectivamente, los mormones llegaron a aquellas lejanas tierras huyendo de la persecución religiosa. El propio Padre Fundador, Joseph Smith, fue asesinado antes de llegar a la tierra prometida. Cuando, a mediados del siglo XIX, a las órdenes de su sucesor, el profeta Brigham Young, alcanzan por fin aquel distrito del lejano oeste y fundan su capital, Salt Lake City, surge la necesidad de poblar el territorio aceleradamente.

¿Cómo hacerlo? Es el mismísimo Dios el que les proporciona el método: "¡Multiplicaos!", había ordenado el Señor. Orden que los mormones siguieron con aritmético entusiasmo.

Porque para llevar a cabo tan ardua tarea no quedaba otra que entregarse al sexo con desenfrenado celo religioso: cada hombre debía preñar a la mayor cantidad de mujeres en el menor espacio de tiempo posible. Este eficientísimo método no es otro que la poligamia. Y Brigham Young, el gran profeta, fue quien dio el ejemplo acumulando el mayor número de esposas que un cuerpo puede aguantar.

De más está decir que el "matrimonio plural" era en una sola dirección: las mujeres solo podían tener un único marido. Porque una cosa es la poligamia y otra el libertinaje.

Es así que la desértica tierra de Utah se llenó de pequeños mormones en un tiempo récord. Hasta que, al finalizar el siglo XIX, la presión del resto de los estados, y la necesidad del naciente estado mormón de integrarse en la floreciente Unión, obligó a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, nombre oficial del mormonismo, a abolir definitivamente la controvertida práctica.

No sin resistencia, claro: muchos mormones mantuvieron su tradición polígama, su afición a las muchas esposas, su gusto por la variedad, su inclinación a la cantidad, de una manera clandestina. E incluso hubo un pequeño cisma, una escisión sectaria de un grupo de irreductibles que decidió mantener viva su inclinación al harén, al margen de la iglesia oficial.

Desde entonces, las leyes de la comunidad no han sufrido prácticamente ninguna variación: el sexo está validado con fines reproductivos, pero solo después del matrimonio (matrimonio ahora monógamo, recordemos). Lo que, evidentemente, en pleno siglo XXI plantea duros desafíos entre la juventud mormona.

Y es entonces que entra en juego el "remojón".

La práctica se difundió como la pólvora a partir de Tik Tok: unos jóvenes mormones contaron allí la manera de apaciguar, en las habitaciones de los campus universitarios, la lógica revolución de sus hormonas mormonas, la forma de relacionarse sin contravenir la prohibición de mantener sexo fuera o antes del matrimonio.

La cosa consiste en que chico y chica se tumban en una cama —hasta aquí, nada que objetar—, luego chico, encima de chica, deposita o más bien deja caer su cetro dentro del cáliz de chica, y permanecen así sin moverse, en total quietud.

Es decir, no hay "empuje". El viejo mete-saca —la dinámica que define al sexo como tal— no se produce. No hay "actividad" sexual, por lo tanto, no hay sexo como tal a los ojos de Dios y de la física.

Indiscutible, pero... ¿no es esto algo entre aburrido y desesperante? Tal vez, pero entonces entra aquí en juego un mecanismo externo, en forma de una tercera persona —un amigo, un colega, un alma generosa—, que se sube a la misma cama y empieza a saltar. A dar saltos en el colchón, a un ritmo repetido y constante...

De esta manera, con este trío a la mormona, no se cruza ninguna línea roja: la pareja en cuestión no ejecuta ninguna acción pecaminosa —el movimiento, ineludible, viene de fuera—, y en lo que respecta al tercer miembro del trío... ¿en qué parte de los evangelios se prohíbe saltar sobre un colchón?

Cuando estos videos se viralizaron en redes, no tardaron en aparecer portavoces oficiosos afirmando que aquello no era real, que era una broma, y que esas cosas no sucedían ni habían sucedido nunca. Pero cuando el río suena...

En todo caso, de más está decir que desde este modesto blog estamos totalmente a favor del maravilloso soaking bed. ¿Extraña práctica? puede ser, pero peores cosas se han visto en el ámbito de la innovación en la moderna sexualidad.


.

0 comentarios