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La venganza tiene un nombre: Dr. Phibes

La venganza tiene un nombre: Dr. Phibes

La venganza tiene un nombre: Dr. Phibes

“Nueve la mataron, nueve morirán, nueve malditos para la eternidad”.
Si Shakespeare hubiera aguantado quinientos años más habría acabado escribiendo la historia del abominable Dr. Phibes, la encarnación misma de la Venganza y la máxima creación del genial Vincent Price.

“El Abominable Dr. Phibes” se rodó en 1971 a las órdenes de Robert Fuest, director inglés que contaba en su haber con unos cuantos episodios de la serie Los Vengadores. Con un impresionante elenco encabezado por Vincent Price y Joseph Cotten, la película lo tiene todo: asesinatos, música, suspense y decorados art deco.

Hagamos una breve sinopsis: El Dr. Phibes, un culto cirujano experto en música y teología culpará de la muerte de su amada esposa a los nueve médicos que la atendieron tras un aparatoso accidente de coche (él ha quedado horriblemente desfigurado y es dado por muerto). Phibes prepara la venganza: asesinará a los médicos inspirándose en cada una de las plagas bíblicas, en un alarde de imaginativa crueldad y sofisticado sadismo.
Nuestro moderno y descontrolado Orestes se refugia en una especie de bunker art deco. Cubre su rostro desfigurado con una máscara que es la impasible cara de Price. Entre crimen y crimen, toca un llamativo órgano de tubos de metacrilato, acompañado por una orquesta de autómatas. Para poder hablar, se conecta a un gramófono por medio de un cable a un orificio en el costado del cuello. Y se alimenta introduciendo una cuchara en el mismo orificio (ésta es una escena especialmente encantadora). Siempre está acompañado por su fiel Vulnavia, la misteriosa ayudante muda, y por el cadáver de su amada Victoria.

En este género que, si no existe, debería ser definido como “cine de venganza”, el desarrollo habitual de la historia suele ser el siguiente: durante las primeras tres cuartas partes del metraje el protagonista sufre un rosario de humillaciones, hasta que se produce su reacción final, una catarsis de violencia desatada. En “El Abominable Dr. Phibes” se nos ahorra la parte del melodrama. Desde el principio de la película el buen doctor es ya un asesino demente, un siniestro genio del mal. Y nos queda toda la extensión del filme para disfrutar junto a él del sabor de la venganza. Porque Phibes es ante todo un esteta. Un esteta de los años 70 pero aún así, a su manera, un refinado en esto del crimen.

Al año siguiente se estrena una segunda parte, “El regreso del Dr. Phibes” (Dr. Phibes Rises Again, 1972) en el que nuestro héroe, que ha estado hibernando durante diez años, nos lleva hasta Egipto con su criogenizada esposa. Allí intentará revivirla utilizando los secretos de los faraones, y de paso nos brindará otro extravagante catálogo de asesinatos concebidos a la manera de las bellas artes.
Aquí también encontramos originalidad. Normalmente, en este tipo de películas algo acaba fallando y el malvado no se sale con la suya,. Pero esta vez el sádico doctor conseguirá la tan ansiada vida más allá de la muerte para su hermosa Victoria, y encima nos habrá dejado dos de las mejores películas de la historia del cine.

Y nos recuerda de paso que la venganza es un manjar condimentado en el infierno.