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Directorio blogueril

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Saludamos desde aquí la aparición de BiZácoras (www.bizacoras.net), una especie de Páginas Amarillas de la cultura mutante, y en la que se podrá hacer el seguimiento de un buen puñado de blogs amigos, dedicados todos a reseñar el lado bizarro de la vida. 

La iniciativa, debida a los blogueros Tnarik y Scari Wó, no podía ser más oportuna: con los miles de nuevos blogs que nacen y mueren cada día se hace difícil estar al tanto de lo que se cuece por ahí sin perderse para siempre en este Mar de los Sargazos llamado blogosfera. 

Agradecemos desde ya la inclusión de esta modesta casa en tan notable compañía. 

El hombre que pudo haber cambiado al fútbol

El hombre que pudo haber cambiado al fútbol

En La Caja Negra no somos muy dados a los deportes. Si, como espectador, tengo que inclinarme por uno, me quedo con el Deporte Rey: la lucha femenina sobre el barro. Pero el caso es que algunas de estas disciplinas juegan hoy por hoy un importante papel: fabrican ídolos y mueven millones. Por eso quiero traer hoy a la memoria a ese gran olvidado: el fútbol.

Este juego, inventado por los ingleses, de lento desarrollo y pobres resultados, siempre estuvo lastrado por reglas absurdas que contribuyeron a su merma de atractivo. Para muestra un botón: El equipo que consigue meter el balón en el espacio comprendido entre los palos de la portería –espacio de considerables dimensiones– puntúa como un tanto, o “gol”. Sin embargo, si el jugador acierta a dar en el poste con un disparo certero, algo evidentemente de mayor dificultad... ¡¡no puntúa nada!! El sentido común aconsejaría premiar esta acción con un doble tanto por lo menos, y un tanto simple si sólo entra entre los palos. Pero no.

Consciente de estas deficiencias, el astrólogo, mago y visionario argentino Xul Solar planteó, en 1947, una ambiciosa reforma del juego. La variación se dio en llamar Fútbol Multiplicado.

Alejandro Xul Solar es conocido internacionalmente como un personalísimo artista plástico. Pero también fue un inventor e innovador incansable. Erudito de múltiples saberes y maestro de variadas disciplinas, discípulo e iniciado en París en las artes ocultas por el mismísimo Aleister Crowley en 1924, reformó asimismo el ajedrez, creó un idioma universal que es el único en el mundo que no practica ningún hablante, desarrolló 365 religiones, una para cada día del año, y propuso cambios en el diseño de la anatomía humana, con el fin de mejorar su funcionalidad, entre otros logros.

El Fútbol Multiplicado de Xul Solar planteaba subdividir el campo de juego en doce áreas paralelas, parceladas a su vez en sectores numerados. Desplazándose en ellos según reglas precisas, los respectivos equipos contendientes pondrían en juego simultáneamente cinco balones. Ya podemos imaginar la inagotable variedad visual que se le ofrecería al espectador con los jugadores moviéndose incesantemente por entre este complejo entramado de sectores en los que deberían mantenerse en juego todos los balones a la vez sin llegar a solaparse ni mezclarse en una misma zona. ¡¡Las posibilidades combinatorias se multiplicarían exponencialmente!! Incluso cabría la posibilidad de introducir un jugador “comodín” en cada equipo, que como consecuencia de una acción determinada durante el desarrollo del encuentro pasara automática y sorpresivamente a jugar para el equipo contrario, sumando emoción y atractivo al desarrollo del juego.

Calculemos que si ahora mismo un entrenador argentino es capaz de escribir un libro a partir de un juego que emplea un solo balón y utiliza reglas infantiles, ¡qué no sería capaz de desarrollar a partir del Fútbol Multiplicado!

Pero lamentablemente la innovación de Xul Solar no prosperó, y desde entonces el fútbol fue iniciando una lenta decadencia y perdiendo progresivamente el interés. Hoy en día los jugadores viven mayoritariamente de la venta de productos comerciales con su imagen y acaban sus días convertidos en empresarios o, peor aún, en periodistas. A veces, la humanidad equivoca el camino, y luego pasa lo que pasa.

Estamos en 2006

De momento no se nota ninguna diferencia, pero tiempo al tiempo...

Noche de paz, noche de alcohol...

Noche de paz, noche de alcohol...

En estas fechas plenas de fervor etílico que se avecinan no está de más recordar la nunca bien ponderada Teoría de la Manada:

Un tigre acecha a una manada de antílopes. La amenaza se huele en el aire. La manada echa a correr, y la bestia se lanza detrás. El tigre consigue acercarse a la retaguardia del grupo, a los más lentos. Derriba a un antílope viejo, y luego a otro debilitado por la enfermedad, y a otro más, demasiado joven. El resto de la manada, más rápida que el tigre, consigue escapar. 

Paradójicamente, el tigre contribuyó a mejorar la eficacia de la manada: ahora no tendrá que retrasarse para esperar a los más lentos. Aún al precio de sacrificar algunos de sus individuos, la manada ha ganado en velocidad.

Bien, de la misma manera, el alcohol va matando nuestras neuronas, a unos cuantos cientos de miles de ellas, pero las que consiguen sobrevivir, hacen que nuestro cerebro sea más ágil, nuestro pensamiento más rápido, creativo y eficaz. El alcohol ha mejorado nuestro intelecto al eliminar las neuronas menos preparadas para la supervivencia.

 

La verdad es que esta asombrosa teoría me la transmitió un amigo, una mañana de resaca, mientras untaba el mando del televisor con mantequilla, de modo que no sé hasta qué punto esta hipótesis es verificable en los hechos. Como quiera que sea, la belleza del enunciado merece que la recordemos hoy. Brindemos por ello.

 

 

Felices fiestas les desea

Wilbur Mercer

Su Seguro Servidor


PD: Si comen polvorones, no conduzcan.       

Sangre, sudor y patadas voladoras

Sangre, sudor y patadas voladoras

A la hora de desarrollar un Arte Total, el Gran Espectáculo del Exceso, la vieja Europa se acabó decantando por la ópera o el circo. América, con mejor criterio, eligió la lucha libre.

Comenzó llamándose Cachacascán, nombre derivado  de la expresión inglesa “catch as can” (agarrarse de donde se pueda), para acabar llamándose catch, wrestling, o simplemente lucha libre. Ha crecido en países como Argentina, Chile o Perú, y también en los Estados Unidos, pero sin lugar a dudas es en México, en donde la puesta en escena de la lucha libre se prolonga más allá del cuadrilátero, el lugar en el que ha encontrado su centro. Allí, luchadores como Santo el enmascarado de plata, Blue Demon, Mil Máscaras, Tinieblas, Octagon, el Doctor Wagner, Máscara Sagrada y tantos otros han sedimentado con el paso de los años en un culto pagano que ha saltado del ring al cine, el comic, la fotonovela e incluso a la política.

En la lucha libre se escenifica la violencia. Hay golpes ensayados que parecen reales, y golpes reales que no parecen tener consecuencias. También hay “buenos” y “malos”. Y luego está el público, que con su indispensable participación, con sus gritos y sus abucheos, sus estímulos a la acción (¡¡mátalo, mátalo!!...), hacen de la lucha libre el primer arte interactivo de la historia desde los tiempos de Nerón y el circo romano.

En el combate, las reglas son simples: gana quien pone de espaldas en la lona a su rival hasta la cuenta de tres. Pero en la lucha libre las reglas son lo de menos. O más bien, las reglas son importantes en un sentido: están hechas para ser transgredidas. Uno de los aspectos de la lucha libre que siempre me ha fascinado y que me produce una intensa emoción es el papel del árbitro durante el combate: el árbitro o referee, máxima autoridad sobre el ring, se expone en cualquier momento a recibir una soberana paliza. Pongamos un ejemplo: un luchador pone de espaldas a su contrincante, el árbitro demora en la cuenta, y el rival se zafa resultando clara e injustamente favorecido. El público (¡nosotros!) se indigna, se siente estafado, abuchea. El luchador perjudicado toma entonces al árbitro de un brazo, lo hace rebotar contra las cuerdas, lo levanta sobre su cabeza y después de girarlo tres veces en lo alto lo arroja sobre la platea. El luchador será probablemente descalificado pero se lleva el aplauso y la enorme satisfacción del respetable.

Las llaves o tomas y los golpes son otro de los atractivos de este noble arte: clásicos como la Quebradora (golpe de rodilla a la espalda), la Doble Nelson (trabar los antebrazos del oponente por la espalda presionando a la vez sobre la nuca), la Patada Voladora (golpear con ambos pies en el torax del rival), el Piquete de Ojos (¡totalmente ilegal! pero muy utilizado...), la Maroma, la Silla o el Cortito, se combinan con otras llaves o golpes de creación personal o simplemente improvisados.

Pero tal vez el elemento más característico de la lucha libre lo constituyan las máscaras. No todos los luchadores llevan máscaras, pero desde luego los que sí las llevan son los más interesantes. No lo digo yo, lo dice Nietzsche: “Todo ser profundo necesita una máscara”. Y es que la máscara representa una nueva personalidad que es la que adopta un luchador cuando se la pone, y que en México acompaña al gladiador siempre que se muestre en público, al punto de que nunca se llega a conocer su verdadera identidad. Cada máscara reviste unas cualidades, unos poderes, que pasa a encarnar el hombre que se pone detrás de ella. Por eso la pérdida de la máscara en un combate representa la pérdida del honor, la máxima humillación a la que se tiene que enfrentar el luchador.

Hay, en fin, fenómenos menos difundidos fuera de México en el apasionante universo de la lucha libre, como los combates de Luchadores Minis (enanos), algunos muy populares como Octagoncito o Mascarita Sagrada. O los combates de lucha libre femenina que se realizan en la popular Arena Femenil de México.  

Para acabar, una anécdota. En su autobiografía, Karadagián, un luchador que en su país, Argentina, representa un mito a la altura del de Maradona, cuenta que cuando en su juventud recorrió Europa realizando su aprendizaje, apuntándose a cuantos campeonatos y combates de lucha se encontrara a su paso, tuvo la oportunidad de enfrentarse una vez en un cuadrilátero a un joven y atlético sacerdote muy aficionado a la lucha libre. El cura, un polaco, se llamaba Karol Wojtyla. No aclara si llevaba máscara, ni tampoco consigna el resultado del combate. Lástima. No he podido comprobar la veracidad de la anécdota, pero dado que merece ser cierta, la doy por buena.

Nuevo libro de Robert Williams

Nuevo libro de Robert Williams

La imagen que ilustra el post anterior es un aporte desinteresado del ilustrador y pintor americano Robert Williams. En compensación, aquí va la reseña de la aparición de su nuevo libro, que acaba de llegar a Casa Mercer recién salido de imprenta. El libraco, lujosamente impreso por Last Gasp, se titula Through Prehensile Eyes (con ojos prensiles) y recopila los últimos trabajos de este maestro del desatino visual controlado.

Robert Williams integró el plantel original de la mítica revista Zap en los años 60 junto a Robert Crumb, pero pronto se pasó a los pinceles  y dió forma a un estilo conocido como Lowbrow Art (arte de bajo nivel, algo así como lo contrario del “arte elevado”), que encabezaría junto a compañeros de generación como Joe Coleman, Ed “big Daddy” Roth, Víctor Moscoso o S. Clay Wilson. El Lowbrow, absolutamente ignorado por el mundillo del arte, floreció en la costa oeste americana, especialmente en Los Angeles y San Francisco, a lo largo de un circuito de galerías como La Luz de Jesus Gallery, con obras que están en las fronteras entre el comic, el graffiti, el cartelismo para conciertos de rock, la gráfica skater y surfer y el puro y simple despropósito. Y sobre todo, muchísimo sentido del humor.

El libro de Williams está especialmente indicado para los despistados que siguen creyendo que el arte Pop pasa por Andy Warhol o Roy Lichtenstein. Se puede ver aquí una colección de auténtico Pop: una mezcla de comic, surrealismo, pulp art, kitsch, ciencia ficción y psicodelia, un arte libre de toda sospecha de sofisticación o buen gusto.

Robert Williams participó también en la fundación de la revista Juxtapoz, verdadera biblia del Lowbrow Art. Actualmente vive y trabaja en Hollywood.


Through Prehensile Eyes, Last Gasp editions, 2005

Otros libros recomendabilísimos de Robert Williams:

Hysteria in Remision, Fantagraphics books, 2002

Malicious Resplendence, Fantagraphics books, 1997

Views from a Tortured Libido, Last Gasp, 1993

Visual Addiction, Last Gasp, 1989  

Cuatro dimensiones al precio de tres

Cuatro dimensiones al precio de tres

Instrucciones para obtener la cuarta dimensión:

Primero haga un punto. Arrástrelo hasta conseguir una línea: obtendrá una dimensión. Tome ahora la línea y desplácela paralelamente hasta formar un cuadrado. Una vez logradas estas dos dimensiones, deje reposar unos minutos y luego mueva lentamente ese plano cuadrado en dirección perpendicular a sus dos dimensiones, para lograr el volumen. Tendrá entonces un cubo. Ahora viene la parte más delicada: tome el cubo y, con mucho cuidado, desplácelo en dirección perpendicular a sus tres dimensiones: habrá obtenido un “hipercubo”, una entidad de cuatro dimensiones. Deje enfriar.

Lo curioso de esta receta es que podemos visualizar el proceso en los tres primeros pasos, pero no en el cuarto. Aunque formalmente aceptable, no lo “vemos”. Pero esto es más una limitación de nuestra biología, al parecer, que una imposibilidad de la física. 

La cuarta dimensión ha sido tradicionalmente tema de artistas, ocultistas, escritores de ciencia ficción y amantes de lo extraordinario. Gente rara. Pero los físicos, los geómetras y los matemáticos se han ocupado poco del tema. Einstein trató de zanjar la cuestión afirmando que la cuarta dimensión es el Tiempo. Algo que por supuesto no nos convence: aquí en la Caja Negra nos gusta tomar el toro por los cuernos. Enfocar el problema en todas sus dimensiones (je). No aceptamos un tal vez por respuesta. Vamos allá:

Imaginemos un mundo de dos dimensiones, desplegado sobre nuestra mesa. En realidad, no hace falta imaginarlo, porque ya lo hizo Edwin Abbott en su novela Planilandia, publicada por primera vez en 1884. Bien, pensemos en los habitantes de este mundo, Viven, tienen sus casas, se desplazan por su planicie, hasta que un día uno de nosotros, individuos tridimensionales, se asoma a su superficie y les habla. Ellos oirán una voz pero no sabrán de dónde viene, algunos huirán despavoridos, otros se hincarán de rodillas, a su manera. El visitante curioso apoyará un dedo sobre el plano para hacerse notar, y los aterrados planiciudadanos verán una sección circular que aparece de la nada y vuelve a desaparecer o cambia de forma. Alguno se encerrará en su casa lineal, y trancará la puerta con una línea bien firme, pero el intruso tridimensional lo verá todo desde arriba, y le volverá a dirigir la palabra, y apoyará otra vez su dedo dentro de la casa. Y el planihombre verá que el extraño círculo ha atravesado las paredes de un recinto, para él, herméticamente cerrado, y se desmayará, y al despertar pensará que ha sido un sueño, o que le han puesto droga en la cocacola, o se hará monje y saldrá a predicar la buena nueva.

Siguiendo una simple analogía, encontramos estos mismos casos desplegados a lo largo de todas las sagradas escrituras: en la Biblia, hay personajes que oyen una voz, apariciones que surgen de la nada, y constantes indicios y referencias a algún ser omnisciente y omnipotente, que parece estar en todas partes y verlo y saberlo todo. Esto es el Misterio en el que se basa la religión, lo insondable, lo que debe ser aceptado sólo a través de la fe, lo que no se puede comprender. ¿Y por qué se ha mantenido durante milenios semejante ficción, cuando hay una explicación perfectamente racional tan al alcance de la mano? Imagino que por poderosas razones de mercadotecnia. El negocio fabuloso que constituye el catolicismo solo es vendible si se rodea de un halo de misterio, de cosa inaprehensible, de aceptación fanática e irracional. Porque lo cierto es que queda meridianamente claro que el responsable de todos y cada uno de los milagros y portentos que se mencionan en las sagradas escrituras no es más que un vecino gracioso de cuatro dimensiones, inconcebible para nuestra imaginación pero perfectamente explicable desde un punto de vista teórico.

Si llegara el día en que me eligieran Papa (hoy  por hoy, todo es posible), en la mañana de mi coronación, frente a los miles que se congregarían en la piazza de San Pedro, tomaría yo inmediatamente dos iniciativas: 1) Exigiría reemplazar el papamóvil por un Alfa Romeo color púrpura vaticanista con llantas de aleación, y 2) les explicaría claramente a los fieles allí reunidos que lo que llamamos Dios en realidad es una entidad de la cuarta dimensión, y que en ello no hay ningún misterio y que todo es explicable desde un punto de vista perfectamente lógico y racional, que en lugar de perder el tiempo con tanto rezo estéril vayan a los libros de matemáticas y se dejen de tantas fantasías alienantes, que todo es una simple cuestión de geometría y que se vuelvan a sus casas, circulando, circulando, que aquí ya no hay nada más que ver. Y ego te absolvo y Amén que les vaya bien.

Criswell Predice!

Criswell Predice!

Lo recordamos saliendo de un ataúd para advertirnos de los peligros de una invasión del espacio exterior en Plan 9 from Outer Space, película en la que se interpreta a sí mismo. Pero lo cierto es que antes de formar parte de la troupe que se convertiría en mito cinéfilo junto a Edward Wood Jr. (y que se popularizaría gracias a la película Ed Wood, de Tim Burton), el vidente y futurólogo Criswell era ya una auténtica celebridad brillando con luz propia en los hogares americanos de la década de los 50.

Su sorprendente carrera comenzó cuando, trabajando como hombre del tiempo en una televisión local, olvidó el pronóstico y tuvo que improvisar las previsiones para el día siguiente. Acertó de pleno. A partir de ahí, tomó por costumbre dar las noticias del tiempo por el método de la adivinación, consiguiendo muchos más aciertos que los meteorólogos.

Pero la fama de Criswell alcanzó su cenit al predecir con sorprendente precisión el asesinato de Kennedy en noviembre de 1963. Y es que, a diferencia de otros videntes, Criswell no se andaba por las ramas: sus predicciones carecían de la ambigüedad habitual de las del resto de los adivinos profesionales. Él daba datos y fechas precisos, hablaba alto y claro. Miles de familias americanas seguían con devoción Criswell Predicts, el programa televisivo de este moderno Nostradamus.

A continuación, transcribo una selección de algunas de sus más impresionantes predicciones, tomadas del libro “Ed Wood, Platillos Volantes y Jerseys de Angora”, de M. A. Parra y D. Panadero (T&B editores). Juzguen ustedes:

- En 1970 Fidel Castro será asesinado por una mujer.

- En 1979 los científicos utilizarán un tratamiento de rayos para curar la delincuencia juvenil, que convertirá a los pacientes en mansos conformistas.

- Del 28 de noviembre al 21 de diciembre de 1980 un escape de gas provocará ataques de canibalismo en Pittsburgh. Más de mil hombre hambrientos de carne y sedientos de sangre deambularán por las calles atacando a víctimas inocentes.

- En 1981, para regular el control de la natalidad, se disolverá anticonceptivos en el abastecimiento de agua y se alterará la electricidad con ciertas partículas iónicas que impedirán futuras concepciones.

- Mae West será la primera mujer elegida presidente de los Estados Unidos. Cinco años después, realizará un viaje a la Luna acompañada por el propio Criswell y el pianista Liberace.

- En 1982 el planeta errante Bullarion colisionará contra la Tierra causando terremotos y tormentas en todo el planeta, cambiando las costas y haciendo resurgir la Atlántida.

- Del 11 de febrero al 11 de mayo de 1983 se producirá un ataque de calvicie femenina debido a los humos que contaminan el aire de St. Louis. Los maridos harán cola en los juzgados para divorciarse.

- Del 11 de mayo de 1988 al 30 de marzo de 1989 una nube de fragancia afrodisíaca causará una lujuria incontrolable a lo largo y ancho de todos los Estados Unidos. ¡Muchos hombres exhibirán sus atributos en público!

- El 18 de octubre de 1988 un meteorito gigante impactará contra Londres, generando un cráter de 8 millas.

- El 9 de junio de 1989 Denver, Colorado, será atacada por una extraña presión del espacio exterior que hará que todo lo sólido se convierta en una masa gelatinosa.

- El 10 de marzo de 1990 tendrá lugar la primera convención interplanetaria de colonos humanos de la Luna, Marte, Venus y Neptuno, reunidos en una ciudad neutral para todos sus intereses: Las Vegas.

- El 1 de junio de 1995 se formará en la Tierra un estado de Utopía, debido a la desaparición de los combustibles fósiles, los tabúes de la desnudez, la enfermedad, el crimen, los mercados económicos, las gafas, la ropa interior ajustada, los deportes y la inseminación natural.

- En 1999, 200 colonias espaciales preservarán a los últimos supervivientes de la humanidad cuando, el 18 de agosto, el oxígeno de toda la Tierra sea aspirado por una fuerza misteriosa.

El gran Criswell tuvo la precaución de morirse antes de que se cumplieran las fechas de la mayoría de estos imponentes vaticinios. Hizo bien. Nuestros actuales videntes y astrólogos deberían tomar nota y seguir su ejemplo.