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El spoiler del verano: Space-Thing, una odisea del espacio con amor y latigazos

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Llega la temporada estival y con ella inevitablemente se relaja todo nuestro autocontrol: es el momento ideal para comentar una película y destripar el final sin sentir ninguna culpa. La víctima del mes será Space-thing (la cosa espacial), una película de ciencia ficción y destape de 1968 que probablemente nadie tenga intención de ver nunca, y desde luego no se lo vamos a reprochar.

El filme, dirigido (es un decir) por Byron Mabe, con guión de un tal "Cosmo Politan" e interpretado por una serie de ilustres desconocidos, ocupa por méritos propios un lugar de honor entre las Obras Maestras Involuntarias del séptimo arte, que tanto gustan a los lectores de este blog que no lee nadie.

Una originalidad que hay que reconocerle a esta película es que coloca al principio el golpe de efecto que suele colocarse al final: que todo forma parte de un sueño del protagonista. Efectivamente, en el comienzo del filme vemos a un señor llamado James Granilla quedarse dormido mientras lee una revista de ciencia ficción. Inmediatamente pasamos a las imágenes de una nave espacial (una maqueta de la Enterprise de Star Trek puesta del revés. El nulo presupuesto se solventa a base de ingenio). Allí viaja nuestro héroe (es un decir), el mismo que se había quedado dormido una secuencia antes. James es ahora un espía alienígena con apariencia humana que proviene de un mundo llamado Planetaria, y tiene una misión: infiltrarse en la nave espacial terrestre comandada por Capitana Madre y su tripulación de muchachas ligeras de ropa. Así son las cosas en el año 2069.

La Capitana Madre, una lesbiana pechugona y sádica (Cara Peters), que dirige con mano de hierro una nave decorada como las habitaciones de un burdel de los años sesenta, no ve con buenos ojos al inesperado visitante. El coronel James Granilla (Steve Vincent), con aires de repeinado galán embutido en mallas de brillos dorados, tiene alborotadas a las chicas de la nave, unas vistosas ninfómanas provenientes de Kansas. Las muchachas, que venían frustradas con los dos únicos varones de la tripulación, pobres especímenes que no alcanzan a colmar sus necesidades, se lanzan en tromba a los brazos del apuesto Granilla y le arrancan las mallas doradas a la primera oportunidad. 

En realidad el coronel Granilla no siente especial atractivo por las hembras humanas, pero, científico al fin, busca aprenderlo todo sobre las "costumbres íntimas" de los seres de la Tierra. En consecuencia, y a pesar de su visceral rechazo, se pasa el tiempo "investigando" con las chicas una y otra vez.

Para disgusto de la Capitana Madre, claro, que no duda en empuñar su látigo para azotar a las disolutas e intentar poner un poco de orden en la nave. No ya es que no duda, sino que claramente disfruta con las azotaínas.

Pero nuestro héroe (es un decir) no olvida que su verdadera misión es evitar que la nave terrestre y su sobreexcitada tripulación lleguen a descubrir su mundo, Planetaria. 

Y aquí vamos al spoiler: mediante un hábil sabotaje James consigue que la nave tenga que hacer un aterrizaje forzoso en un asteroide desconocido (en realidad un terreno rocoso a las afueras de Palmdale, California). Y allí, mientras toda la tripulación corretea desnuda y se relaja tomando el sol, el coronel Granilla tendrá la oportunidad de colocar en el corazón de la nave... ¡¡una mini-bomba atómica!! (que, curiosamente, se enciende con una cerilla).

En la apoteósica escena final, la nave vuela en pedazos, en la que sin duda será recordada como la escena espectacular menos espectacular de la historia del cine. 

Resultado final: Planetaria uno, Tierra cero.


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