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Un puñado de hombres sensatos: la Sociedad de la Tierra Plana

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Siempre se ha dicho que las explicaciones más simples suelen ser las acertadas. Este parece ser el principio rector de un grupo de hombres de ciencia que desde el último medio siglo defienden con ahínco una cosa que debería ser evidente para la gran mayoría de las personas: Nacemos, vivimos y morimos sobre una Tierra tan plana como una tortilla.

Rebobinemos: 

Hacia el 1800 un grupo de intelectuales británicos constituyeron una sociedad de pensamiento escéptico cuya principal tarea era desmentir la muy extendida idea de que la Tierra es esférica. Las discusiones sobre el tema en la Geographic Society fueron formidables. Los argumentos de nuestros amigos acabaron condensados en un libro “Earth not a globe” (La Tierra no es un globo). Los partidarios del globo, sin embargo, fueron poco a poco ganando la partida, y la sociedad escéptica languideció durante todo el período de entreguerras. Hasta que, en 1956, su nuevo presidente, Samuel Shenton, miembro destacado de la Sociedad Astronómica Británica, le dio un nuevo impulso y la bautizó con su nombre definitivo: The Flat Earth Society (La Sociedad de la Tierra Plana).

No soy un experto en astrofísica, de manera que no quiero entrar a hacer valoraciones, pero debemos reconocer que las ideas de la Sociedad son, como mínimo, razonables: se basan en la observación directa y en el sentido común. Frente a la idea de una esfera flotando en el espacio, sin “arriba” ni “abajo”, en donde las personas y las cosas se mantienen “pegadas” a la superficie merced a una misteriosa “fuerza” llamada gravedad, estos hombres sensatos sostienen que, en realidad, estamos sólidamente asentados sobre un círculo plano. El centro de ese círculo es el polo norte, y a su alrededor se distribuyen los continentes. Luego está el océano, cuyas aguas se van enfriando progresivamente según se acercan al borde del círculo, para acabar en una gran muralla de hielo de unos 45 metros de altura (cálculo aproximado) que rodea todo el perímetro. En total, una gran pizza de unos 40.000 kms. de diámetro.

Los fanáticos de la idea de la Tierra-globo vociferan que nunca nadie vio esas murallas de hielo, pero no es verdad. El presunto “continente antártico”, que muchos se han apresurado a considerar una masa compacta, pero que nadie circunnavegó en su totalidad, es en realidad el límite helado que rodea todo el borde del disco.

Lo que la Sociedad denuncia, en definitiva, es el gran engaño a que la ciencia, con la complicidad de los gobiernos del mundo, nos tiene sometidos. La prueba más palpable del contubernio la encontramos en la bandera de Naciones Unidas, todo un guiño para quien quiera verlo: dicha bandera reproduce con exactitud el mapa de la Tierra plana, tal como nos lo vienen describiendo los hombres de nuestra Sociedad desde hace más de un siglo. A buen entendedor, pocas palabras.

¿Y el Sol? Tal y como podemos comprobar a simple vista, es un redondel que cruza de un lado a otro el gran disco terrestre. Caso contrario (si fuera la Tierra la que gira alrededor del Sol) viviríamos mareados, muy mareados.

En los años sesenta, con la moda de los viajes espaciales, la Sociedad de la Tierra Plana alcanzó su máxima popularidad. La tarea de su nuevo presidente Charles K. Johnson (quien se propuso “recuperar la cordura” del mundo) fue ingente. Se llegó a contar con más de 3.000 asociados. Después de todo, las fotografías que nos llegaban de los satélites mostraban claramente un disco azul, plano como un omelette. En cuanto a la pretendida aventura lunar de la misión Apolo, la Sociedad adhirió sin fisuras –y con buen sentido– a la opinión dominante de que todo aquello se había rodado en un estudio del viejo Hollywood a las órdenes de Stanley Kubrick.

Lamentablemente, los nuevos sacerdotes de la ciencia oficial parecen estar ahora ganando la batalla, y la tranquilizadora idea (para los que padecemos de vértigo) de una Tierra plana va poco a poco cayendo en el olvido. La incansable Sociedad continúa, desde su sede central de Lancaster (California), imprimiendo sus folletos y difundiendo notas de prensa, a la espera de que vuelvan tiempos más sensatos. “Paciencia, el mundo es ancho y extenso”, parecen decir, como Abbott. Desde aquí les deseamos toda la suerte del mundo (plano).   

 

 

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