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Mary Baker-Eddy: la guerra contra la realidad

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Ahora que se está volviendo habitual la tontería de ciertos hombres dispuestos a morir por su fe, nos gustaría recordar a una mujer genial que se hizo célebre a fuerza de insistir en un dogma no menos sorprendente pero radicalmente opuesto: si uno se llega a morir, no es por otra cosa que por falta de fe.

A cualquiera que dijera que sólo se envejece por equivocación y se muere por falta de confianza hoy en día lo tomarían por un loco. Pero en el siglo diecinueve una pequeña mujer empecinada llamada Mary Baker-Eddy puso en pie una religión alrededor de esta idea que acabó convenciendo a millones de fieles por todo el mundo.

Mary Baker-Eddy era una chica nerviosa y de mala salud perteneciente a una familia humilde de un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra. Desahuciada por los médicos, pasó toda su juventud en un estado de postración e invalidez que no le permitía hacer otra cosa más que pensar. Así fue como llegó a dar con una idea extraordinaria: si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y a Él nunca le duele nada ni cae nunca enfermo, al hombre, lógicamente, tampoco. La enfermedad, la vejez y la muerte son, por lo tanto, una equivocación, un error en el que suelen caer los hombres con cierta enojosa frecuencia. Un error de percepción que se convierte en estafa en manos de los médicos, que arteramente se ocupan de perpetuar la falsa creencia.

Una vez hecho su descubrimiento Mary Baker-Eddy se curó a sí misma de inmediato y puso sus ideas por escrito en un libro autopublicado llamado Ciencia y Salud. Alquiló un granero y abrió una cátedra para formar doctores en su nueva y revolucionaria disciplina a la que llamó “ciencia cristiana”.

La escuela de Mary Baker-Eddy hacía una oferta francamente tentadora: convertirse en doctor en doce sencillas lecciones. Doce lecciones que eran más que suficientes: los nuevos doctores no tendrían necesidad de auscultar al paciente ni hacerle diagnóstico, ni siquiera tocarlo. Bastaba con decirle al enfermo que no estaba enfermo. La cosa funcionó de maravillas, los doctores en ciencia cristiana prosperaron económicamente y con ellos Mary Baker-Eddy. Tanto creció la adoración hacia su persona que se decidió convertir todo el asunto en una religión: así nació la Iglesia de la Ciencia Cristiana.. Con los millones recaudados a estas alturas se erigió una marmórea basílica en Boston, un enorme templo a la mayor gloria de Madre Mary, al que le siguieron otros en toda América y Europa. Hacia fines del siglo diecinueve esta pequeña mujer llegó a ser una de las más ricas e influyentes del mundo. Hasta el propio Mark Twain escribió un libro sobre su figura.

Sin embargo, Mary Baker, contradiciendo los preceptos de su propia religión, envejecía.. Decidió aislarse, pero sólo contribuyó a despertar el interés de los medios. Para despejar dudas, accedió a dar una última conferencia de prensa que, al parecer, fue impresionante: casi centenaria, sujeta al cortinaje para no caerse, sin dientes y medio sorda, alcanzó a balbucear dos respuestas monosilábicas a las preguntas de los pocos periodistas acreditados al evento.

Mary Baker-Eddy impugnó definitivamente su propia teoría el 3 de Diciembre de 1910.

 

Stefan Zweig contó su apasionante vida en “La curación por el espíritu” (ed. Acantilado), libro que recomendamos vivamente.

 

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