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El Integratrón: la cúpula de la eterna juventud

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Si por algo se caracteriza nuestro tiempo es por haber convertido la juventud y la salud en una nueva religión. De ahí que no nos sorprenda la existencia de un templo en donde el paso del tiempo se clausura, una cúpula que funciona como máquina del tiempo, y en donde podríamos permanecer eternamente jóvenes siempre y cuando no nos moviéramos de allí.

Sueño de alquimistas, la búsqueda de esta Fuente de la Eterna Juventud viene de lejos. Ya el gran Alejandro viajó incansablemente buscando sus esquivas huellas. También los conquistadores españoles de la Florida recorrieron leguas interminables para dar con ella. Pero fue a un hombre inspirado y genial llamado George Van Tassel, al que se le ocurrió la idea única y sorprendente de construirla.  

Van Tassel era un ingeniero aeronáutico que un buen día de 1947 decidió instalarse en una cabaña en pleno desierto de Mojave, en California, en mitad de la nada, y a los pies de una extraña roca gigantesca que se conoce con el imaginativo nombre de Giant Rock, venerada por las tribus locales desde tiempo inmemorial. Para cuando George Van Tassel se instala allí, la roca tenía fama de ser un faro para el aterrizaje de nuestros hermanos del espacio exterior y sus platillos volantes. A principios de la década del cincuenta, una larga fila de buscadores de ovnis acudían hacia aquel solitario e interminable desierto, incluyendo a una larga lista de abducidos y contactados por visitantes del espacio. Van Tassel decidió entonces montar la primera Convención Interplanetaria de Naves del Espacio de Giant Rock, una especie de Fitur pero a nivel galáctico, preparada para recibir a visitantes terrestres y extraterrestres por igual, para lo cual habilitó cerca de la roca gigante un aeropuerto y cafetería, además de una zona para tiendas de campaña.

La Convención se realizó con éxito creciente cada año durante el siguiente par de décadas. Por ella desfilaron todos los más famosos abducidos, que iban allí a dar conferencias, firmar autógrafos y presentar sus libros. De hecho, el propio Van Tassel, al poco tiempo de vivir en Giant Rock, entró en contacto con visitantes del planeta Venus, con los que intercambió valiosísima información tecnológica. Los venusinos, al parecer, son seres como nosotros, pero mucho más pacíficos y espiritualmente avanzados. Son rubios y algo tímidos, y han declarado estar muy preocupados por el destino de la humanidad. 

El propio Van Tassel hacía en cada una de aquellas convenciones una demostración de sus conversaciones con los venusinos, a través de un sistema de su invención, llamado adáfono, con el que tenía línea directa con los extraterrestres. Algunos escépticos llegaron a denunciar que, durante aquellas comunicaciones, Van Tassel se limitaba a hablar consigo mismo poniendo diferentes voces.

Pero volvamos a lo nuestro: a instancias de lo aprendido con los venusinos, Van Tassel decide iniciar entonces la construcción de un edificio que, concentrando las energías electromagnéticas de la tierra, funcionara como una fuente de la eterna juventud. El principio era simple: el edificio, en forma de cúpula, concentraría en grandes cantidades un tipo de energía que "recargaría" las células, recomponiendo los tejidos y manteniendo a la persona joven para siempre. una máquina del tiempo en toda regla. O más precisamente, una "máquina de rejuvenecimiento". como la llamó su creador.

Van Tassel dedicó los próximos veinticinco años a la construcción del Integratrón, como denominó a su cúpula de la eterna juventud.

El Integratrón acabó siendo un ejemplo de arquitectura único en el mundo. Al menos en este mundo. Es una construcción en forma de cúpula de unos 12 metros de altura por 15 de circunferencia, construído íntegramente en madera y fibra de vidrio. Su ubicación geográfica es fundamental para su correcto funcionamiento, pues depende de los campos magnéticos que envuelven la Tierra. En el interior de la cúpula, la concentración de energía electromagnética es tal que hace que las células del cuerpo humano se realimenten  y se recompongan, invirtiendo la flecha del tiempo y devolviendo la juventud al afortunado visitante.

El dinero para financiar la construcción del Integratrón salió en parte de lo recaudado en la Convención Anual Interplanetaria, y en parte de donaciones privadas, entre las cuales destacan las aportaciones realizadas por el célebre aviador, productor de cine y archimagnate Howard Hughes (quien, al parecer, de vez en cuando se dejaba caer por el modesto aeropuerto de Giant Rock en su avión particular, para probar las exquisitas tartas que la señora Van Tassel preparaba en la cafetería).

Pero lamentablemente George Van Tassel fallece en 1978, sin que el Integratrón estuviera todavía a pleno rendimiento (lo cual es evidente, porque si hubiera sido así, tendríamos entre nosotros a un jovencísimo Van Tassel, hablándonos aún de sus charlas con los venusinos). 

Hoy, sin embargo, y a pesar de la desaparición de su creador, esta auténtica joya de la arquitectura de vanguardia refulge blanquísima en medio del desierto. Si pasan por el Mojave, no dejen de visitarla (la cúpula hoy en día se alquila para eventos y como sala de ensayos, pues al parecer también goza de una excelente acústica).

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